Esta última semana los medios de comunicación se han hecho eco de una gravísima y descarada ofensa al pueblo español. Me refiero, cómo no, al humillante, vergonzante, denigrante, y muchos más -ante, numerito de los guiñoles franceses. Oh la lá.
Poco podían imaginarse los creadores de la deleznable burla que es ese sketch de mal gusto, lo mucho que iba a tocarnos los webs a todos lo españolitos de a pie su abominable creación.
Pero, claro, qué esperaban.
Cualquier bien y/o mal nacido en esta España nuestra sabe que, en estos tiempos que corren, nuestra clase política no destaca precisamente en los corrillos internacionales; los toros son cada vez más cuestionados por el populacho; y nuestros triunfitos parece que no acaban de cuajar en Eurovisión, por mucho que nos haya emocionado, semana a semana, ver sus progresos televisados. Incluso el Bulli, máximo exponente de lo bien que sabemos cocinar todos los españoles la “tortilla de patatas deconstruida” y la “espuma de humo”, ha cerrado indefinidamente sus puertas. Así está el patio.
De manera que, puestos a buscar adalides patrios que puedan exportar con orgullo los colores rojogualda de nuestra bandera al extranjero, ¿qué nos queda? pues eso, el Deporte. Y es que somos los campeones del mundo, oiga. Y de fútbol, nada más y nada menos, el deporte nacional. Con Casillas, guapetón mozalbete, cancerbero titular y novio de la Carbonero , como capitán indiscutible de la Roja de nuestros amores. Pero no sólo eso.
También podemos presumir de Nadal, ese manacorí, melenudo y bronceado a partes iguales, que hace temblar a todos sus rivales sobre una pista de tierra batida, raqueta en mano.
Somos paisanos de Fernando Alonso, asturiano como la sidra y bi-campeón de la F 1, y actualmente piloto namber uan de la escudería Ferrari, lo más de lo más de la velocidad, que seguro volverá a conquistar pero que muchísimos campeonatos más.
Y tenemos también a Pau Gasol, ese gigantón barbudo, que además de protagonizar anuncios varios, les ha demostrado a los yankis que los epañoles también sabemos jugar al baloncesto, perdón, al basket.
Y, en fin, tantos otros, que han demostrado al mundo entero que los españoles, otra cosa no, pero buenos en el deporte, un rato, oiga.
Y ahora van los gabachos y se sacan de la manga la bromita de marras, aprovechando la desafortunada coyuntura del caso Contador. Mondié. Con la Iglesia hemos topado, Sancho (o Fransuá) deben estar diciéndose.
Pues haberlo pensado antes. Que una cosa es hacer bromas a costa de Zp, de la Espe , de Rouco, de Julio Iglesias y Raphael, o incluso de Mou (que éste aunque sí tiene mucho que ver con el fútbol, no es español), y en eso, nosotros mismos les podemos impartir un máster. Y otra, bien diferente, es insinuar que nuestros héroes Casillas, Nadal, Gasol y compañía, son lo que son por obra y gracia del esteroide santo.
Así que, lo dicho, los gabachos se han pasado por el forro del pantalon (la paroi de la culotte, que dirían ellos, si el traductor del guguel no me engaña), los éxitos y triunfos deportivos de nuestros paisanos más queridos.
Pues nada, yo propongo que, a partir de ahora, se adopten en todo el territorio nacional una serie de medidas para que los franchutes vean que con nuestros héroes nacionales no se juega. Empezando por desterrar de nuestras sartenes esa cosa insulsa que es la tortilla francesa, que, no es por nada, pero a mi siempre me ha parecido la pariente pobre de nuestra tortilla de patatas.
Sustituir esos “cuernos” bolleriles o croissants, por galletas y magdalenas, para mojar el café-con-leche nuestro de cada día.
Vaciar nuestras neveras y despensas de cognac, champagne, gruyere, roquefort y todo lo que se le parezca o venga del país galo.
Y por supuesto, nada de comprar el pan y la leche en ese monstruo hipermercádico (sí, me acabo de inventar esta palabra), llamado carrefour, que para eso tenemos nuestros mercadonas, eroskis y demás supermercados patrios.
A ver si así, para la próxima, aprenden la lección, y en lugar de cuestionar a nuestros héroes nacionales, se les ocurre mejor algún numerito gracioso sobre nuestra clase política. O sobre nuestra justicia. O nuestras reformas educativas, o la nueva ley del trabajo, o los toros...
Vamos, que por falta de ideas no será.
Hombre ya.
Muy buena entrada, muy buena reflexión!!
ResponderEliminarUy! pero... ¿yo no estaba de acuerdo con lo que habían hecho los guiñoles...? ¿No decía yo ayer que me parecía muy bien que un programa de humor haga humor a costa de "lo que sea...."?
Debe ser que tu prosa es convincente! Y no ironizo... lo digo en serio.
Llevo toda la semana convencida y convenciendo de que el tema guiñoles no es tan horrible como lo pintan, y llegas tu y con tu entrada en el blog me cambias el chip!
A pesar de ello, y de estar totalmente de acuerdo con tu conclusión, creo que se le está dando demasiada importancia a esos muñecos.
En AL ROJO VIVO, no recuerdo qué día de la semana pasada, el director adjunto de ABC de cuyo nombre no quiero acordarme, dijo literalmente: que la guerra civil española del año 1936 fue legítima, porque había un régimen ilícito (la república).
¿Alguien se ha enterado de esas declaraciones más que los que vimos el programa entre crujidos de tripas y bostezos hambrunos?
¿Alguien? Pues no, nadie. ¿Por qué? Porque es más importante que los guiñoles franchutes se metan con NUESTRO DEPORTE del cual ni tu , ni yo, ni el vecino cobra nada, que con una guerra en la que murieron miles y miles de personas.
En fin, querido primo, con todo repito, totalmente de acuerdo contigo reflexionemos sobre las prioridades de nuestro país, en lugar de reflexionar sobre las de los franceses.
mua!
Me gusta tu reflexión. Me gustan las formas, la prosa, y el guiño a la prosa. Me gusta tu ironía, casi inglesa (que no francesa).
ResponderEliminarEn cuanto al fondo, creo que en este país, no nos ponen de acuerdo más que la roja, Gasol, Nadal y Alonso. Así que, si gracias al deporte, estamos de acuerdo en algo, y han sido capaz de volver a unirnos, pues oye, bienvenido sea.
Y, totalmente de acuerdo, con tu reflexión acerca de la tortilla francesa. Habrá cosa más insulsa?
Besotes